Una plaza de toros del siglo XIX restaurada y reinventada como centro comercial de lujo. En vez de simplemente arrancar la madera vieja, los arquitectos rescataron lo que pudieron y se lo entregaron al escultor Alejandro Tobón Rojas, quien la convirtió en esculturas colgantes de pulpos y vida marina que flotan por el interior. Se usó madera nueva certificada para recrear la estructura circular de la arena, el mármol recorre los pisos de tiendas, y el nivel superior se abre a una plazoleta de comidas con vistas al Castillo San Felipe a lo lejos. Uno de los escapes de mediodía más inteligentes de la ciudad cuando el calor de afuera se vuelve genuinamente insoportable. En el primer piso, Malva es un espacio concepto que se destaca, con vestidos, accesorios y piezas de algunos de los diseñadores locales más interesantes de Colombia. Hay shows diarios de fuentes y luces a las 4, 5, 6 y 7 de la tarde en el atrio central, así que es una gran parada si andas con niños pequeños.