Los museos no son el fuerte de Cartagena y vale la pena saberlo desde el principio. La mejor experiencia, por mucho, es el Museo del Oro Zenú: moderno, bien montado, bilingüe de principio a fin y con un aire acondicionado que se agradece en el alma. Tiene exhibiciones hermosas de piezas precolombinas, cerámica y reliquias de oro que le dan contexto real a la historia indígena de la región. El Palacio de la Inquisición es otro cuento: la exhibición está descuidada, casi toda en español —si estás leyendo esto, eso te favorece— y solo una salita tiene aire acondicionado. Dicho eso, vale la pena visitarlo por la impresionante arquitectura de la entrada, la infame ventanilla lateral que se usaba para denuncias anónimas y la colección de instrumentos de tortura que te deja frío. Ve en la mañana, sin afán. El Museo Naval lo gozan sobre todo los niños que quieren treparse por réplicas algo desgastadas de submarinos e interiores de buques, y explorar maquetas de barcos, fuertes, mapas y edificios históricos: más novedoso que educativo, pero les va a encantar.
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