Rabo del Pez es de esos restaurantes que te marcan. Desde la primera vez que lo probamos se fue directo al top de nuestras recomendaciones, peleando palmo a palmo con nuestro número uno. Escondido en un callejón tranquilo a pocos pasos de la Torre del Reloj, es un espacio romántico, de luz tenue y con un toque moderno: al entrar te reciben neveras de puerta de vidrio con la pesca fresca del día, y una cocina abierta reluciente donde ves al equipo trabajar con una precisión que da gusto.
La comida es pensada y refinada: anclada en ingredientes colombianos, pero con la mirada puesta en el mundo. Los mariscos llevan la batuta, aunque cada plato (postres incluidos) refleja un entendimiento profundo del sabor y el equilibrio. Y como chocolateros, hay un detalle que nos encanta: son uno de los pocos restaurantes de la ciudad que usan cacao colombiano totalmente trazable. Esa forma de elegir sus ingredientes dice mucho.
El chef —el mismo detrás de Pascal, uno de los mejores brunch de la ciudad— aquí se la jugó toda. Esta es su versión elevada: más intención, más técnica y más para recordar.